Desde niña, Margaret sintió una profunda fascinación por los animales. A diferencia de la mayoría de las personas de su edad, nunca les tuvo miedo a las serpientes. Al contrario, siempre le interesó su comportamiento y, incluso en la vejez, seguía leyendo libros sobre reptiles y viendo documentales de vida silvestre con verdadero entusiasmo.
Desde niña, Margaret sintió una profunda fascinación por los animales. A diferencia de la mayoría de las personas de su edad, nunca les tuvo miedo a las serpientes. Al contrario, siempre le interesó su comportamiento y, incluso en la vejez, seguía leyendo libros sobre reptiles y viendo documentales de vida silvestre con verdadero entusiasmo.
Cambios preocupantes en el comportamiento
Primero, Margaret notó que Sunny se movía mucho menos y había rechazado su comida habitual en varias ocasiones. La mujer no le dio demasiada importancia, pues sabía que las serpientes pueden pasar largos períodos sin alimentarse.
Sin embargo, poco después ocurrió algo aún más extraño. Una noche, Margaret se despertó al sentir un peso presionando sus piernas. Al encender la lámpara, descubrió que Sunny había escapado del terrario y se encontraba tendida sobre la cama, junto a ella, casi extendiendo todo su cuerpo.
La anciana sonrió con ternura y volvió a dormirse. A partir de esa noche, la pitón repitió el gesto cada vez con más frecuencia. Primero solo se acostaba a su lado. Luego empezó a acercarse más. Y con el tiempo, comenzó a enroscarse lentamente alrededor de su cuerpo, cubriendo sus piernas, su abdomen e incluso acercándose al pecho.





